¿Qué hacer si uno de nuestros alumnos presenta una dificultad de aprendizaje?

Después de aprender cuáles son los mecanismos implicados en el aprendizaje de la lectura y la escritura y las posibles llamadas de alarma ante una dificultad, vamos a analizar cuáles son los problemas que podrían surgir al realizar las actividades propuestas anteriormente en este blog.

Nuestra primera actividad proponía la lectura en voz alta con una posterior comprensión lectora e identificación de los elementos de la narración. Finalmente se trataba de redactar un breve resumen del texto leído. 

Si aplicamos la tabla de valoración propuesta podríamos encontrar alumnos que presentan dificultades en el aprendizaje de la lectura tales como: rechazo a la lectura en voz alta, baja velocidad lectora, invención de palabras y una baja comprensión; en cuanto a la escritura: dificultades para planificar y redactar, uso de frases inconexas sin signos de puntuación, múltiples errores ortográficos e incluso poco cuidado en la presentación sin utilizar la cuadrícula y separación interletras.

Todos estos ítems nos harían saltar las alarmas para detectar a un alumno o bien con un trastorno en el aprendizaje de la lecto escritura o una dislexia.

En cuanto a la segunda actividad que denominamos “Cuenteros” nuestro alumnado debía por grupos inventar, planificar y redactar un cuento para después leerlo en voz alta ante sus compañeros o grupos de alumnos de infantil. En este caso la detección de posibles problemas nos resultaría más difícil ya que al trabajar en grupo y crear un producto final grupal se pasarán más desapercibidas las dificultades descritas para la primera actividad. Así pues, lla forma de detectarlo sería una observación más individualizada y evaluar la participación para valorar si la baja o menor participación fuera atribuible a dificultades en la escritura y/o la lectura.


Estrategias metodológicas

Ante las dificultades observadas deberíamos aplicar una serie de medidas que permitan a nuestro alumno mejorar en la lectura y la escritura.

  • No obligarle a leer en voz alta.
  • Facilitarle el texto con anterioridad así como las preguntas que le vamos a plantear.
  • Presentar el texto separado en párrafos para que fuese asimilando la lectura de acuerdo a las partes de una narración: planteamiento, nudo y desenlace. 
  • Aclaración del vocabulario a pie de texto.
  • Simplificar los enunciados permitiendo que algunas sean de relacionar con flechas o de elección múltiple.
  • Darle pautas para la redacción del resumen mediante auto instrucciones:
    • Leo el texto dos veces
    • Leo el texto y subrayo palabras o frases importantes
    • Vuelvo a leer lo subrayado
    • Hago un borrador 
    • Reviso mi texto, compruebo ortografía con un diccionario
    • Leo mi texto ante alguien de confianza.


Evidentemente esto supone que los criterios de evaluación no van a ser alcanzados en la misma medida que otros compañeros y que tampoco van a ser aplicados estos criterios de la misma manera. Es necesaria cierta flexibilidad que la misma enunciación en la ley permite,  lo que significa que valoraremos sobre todo el proceso y no tanto los resultados. 

Hay que tener en cuenta también el desgaste emocional que las dificultades provocan en estos alumnos así que no vamos a descontar puntuación por fallos ortográficos o presentación del texto y adaptamos sus pruebas escritas con la reducción de la extensión de los textos y del número de las preguntas; enunciados breves destacando en negrita palabras clave, preguntas de relacionar, completar o elección combinadas con la de redacción y en estas darles instrucciones pautadas.

De esta manera el alumno ganará en confianza pero deberá seguir trabajando la lectura en privado y retener ideas a medida que lee mediante preguntas y trabajar la escritura con borradores y consultando vocabulario y ortografía cuando sea posible.

En definitiva hay que tener muy en cuenta el esfuerzo aunque el nivel de adquisición de saberes no sea el exigido para su nivel.


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